Lo confieso: yo silbé a Raúl García...

Firmado José Javier Echeverría Barbarin

El pasado domingo, a pesar de ser osasunista, o tal vez por eso, hubo momentos en los que silbé y recriminé el comportamiento de Raúl García, de David López, de Valdo y de Soldado. Y sin embargo, no me arrepiento.

Y no me arrepiento porque en aquellos tristes momentos, mi reproche sonoro no lo dirigía contra jugador alguno de mi querido Osasuna, en tanto en cuanto, una vez Osasuna ya había metido el primer gol, más aún después del 2-0, esos jugadores jugaban, corrían, presionaban e intentaban marcarle más goles a la Real Sociedad , movidos por estímulos personales lejanos del Sadar, de nuestros colores y de nuestra historia.

Osasuna es un sentimiento y los sentimientos no entienden de matemáticas. Están construidos sobre vivencias personales. Vivencias que permanecen en cada uno de nosotros al margen de cambios en los jugadores, en los presidentes, en el nombre del campo de fútbol o en la categoría en la que milite nuestro equipo.

Mi sentimiento osasunista de agradecimiento a la Real Sociedad me llevaba a no valorar en su justa medida la importancia de no dejarnos ganar, consiguiendo el punto que nos daría la permanencia en Primera un año más. Los resultados mostrados en el videomarcador, daban la razón a quines consideraban muy peligroso posponer la salvación a los dos próximos partidos.

Ahora bien, dando por bueno la necesidad de sacar un empate contra la Real y que la Real se dejó ganar hace seis años porque ellos no se jugaban nada; estos argumentos no justificarían en ningún caso la extrema motivación mostraba por algunos jugadores cuando la permanencia ya estaba asegurada. Poniéndose en evidencia y mostrando que sus deseos de ganar a la Real , intentando incrementar la más que segura diferencia de dos goles, nada tenía que ver con Osasuna ni con su pasado. Si no con sus propios intereses particulares. Legítimos, pero particulares.

De nada debemos avergonzarnos los osasunistas que silbamos a Raúl García cuando su disparo intencionado golpeo en el travesaño de la Real Sociedad. O cuando abandonaba su posición para salir a presionar al lateral izquierdo donostiarra junto al banderín del corner. Es esos momentos, ese jugador no era de Osasuna. No estaba a la altura de lo que la historia de Osasuna le pedía. Como no lo estará si su actitud no es la misma el próximo partido contra el Atlético de Madrid.

En el mismo sentido debo decir que al igual que me parece defendible la conducta de quienes silbamos a jugadores que acabaron el partido vistiendo una camiseta distinta de la rojilla; me parece perdonable el desafortunado comportamiento de algún sector de la afición donostiarra, movidos por la frustración de la derrota y del más que previsible y triste descenso a 2ª.

Posdata: A diferencia de muchos que esta semana han criticado la conducta de quines silbamos a Raúl García y compañía, hoy puedo seguir afirmando que, en mis más de 30 años como osasunista, nunca he silbado a ningún jugador que defendiera los colores de Osasuna.