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CHUPINAZO: DEBATE ESTÉRIL  

Con todo la buena intención del mundo, el Alcalde de Pamplona ha abierto a la ciudadanía un debate sobre la posibilidad de modificar la actual ubicación del inicio de las fiestas, esto es, ha planteado que las ciudadanas y ciudadanos reflexionemos y demos ideas para encontrar un lugar alternativo desde donde lanzar el “tradicional” chupinazo anunciador del inicio de las fiestas.

Como persona que ya desde muy joven subía la cuesta de santodomingo para acceder a la plaza consistorial, con la respiración entrecortada, no se si por la emoción o por la acelerada marcha de quienes subíamos de la Rochapea , acepto el reto del Sr. Chourraut, no tanto para hacer mi propuesta alternativa a otras que ya van surgiendo, sino, por lo que respecta a mi persona, poner fin a tan estéril debate.

Mi participación en esta reflexión colectiva no esta justificada en mi condición de concejal del Ayuntamiento de Pamplona, enfermedad pasajera, sino en una serie de vivencias que creo me sitúan en una posición privilegiada para opinar sobre el tema, como son: el sudor de los sanfermines que permanecía más de una hora en la plaza consistorial a la espera de que alguien a quien no conocía gritara “viva San Fermín, gora San Fermín”; la sangre de aquel día seis de julio a las doce del mediodía, cuando una botella de cava me obligo a salir del centro de la fiesta, trasladado por la Cruz Roja , camino del Hospital de Navarra; la lejanía y el recuerdo cuando acudí al lanzamiento de un cohete alternativo, junto a los muros de la cárcel de Pamplona, para pedir la libertad de los insumisos presos; la emoción de 1995, cuando era yo ese desconocido que con su grito iniciaba las fiestas más importantes del mundo; o, ya este mismo año del recuerdo de un amigo ausente, la externa tranquilidad con la que pude escuchar primero y repetir después los deseos de “felices fiestas” de mi compañera Concha.

Estos son mis méritos, no muy diferentes a los de muchos pamploneses, pero si suficientes para pedir que no perdamos ni un minutos más en pensar en la posibilidad de cambiar la actual ubicación del lanzamiento del cohete anunciador de las fiestas. Y no por que sea algo tradicional, pues en sanfermines con que se repita dos años seguidos algo ya alcanza esta consideración, sino porque es el lugar institucionalmente más adecuado, porque ningún político que aspire a seguir siéndolo será capaz de cambiar, porque es tan inseguro o políticamente “aséptico” como lo pueda ser cualquier otro de nuestra ciudad, ejemplos tenemos en localidades próximas a Pamplona, o, simplemente, porque ese lugar es el que se encuentra en la memoria histórica de nuestra ciudad.

Otro es el debate que el Sr. Alcalde de mi pueblo tenia que haber planteado a la opinión pública, a mi modesto entender, que no es otro que el de plantearse como se puede extender el inicio de la fiesta más allá de la plaza del Ayuntamiento.

Este año se ha hecho un interesante intento, bien intencionado pero erróneo, tal como se ha podido constatar. La colocación de una pantalla que permita ver in situ el lanzamiento del cohete en lugares distintos al de la plaza del Ayuntamiento es una buena idea, el fallo ha estado en el lugar elegido para su colocación. La plaza del Castillo ya se venia llenando de gente en los últimos años sin necesidad de la pantalla, era gente tranquila, familias enteras de abuelos, padres, nietos de corta edad, que se conforman con oír el estruendo de la fiesta sin meterse de lleno en ella, de disfrutarla a su manera. Con la presencia de la pantalla en esta plaza no hemos conseguido sino atraer a este espacio de fiesta tranquila, pero también de fiesta, a una parte de esos potenciales jóvenes que sino acudirían a la plaza del Ayuntamiento, con todo lo que ello lleva aparejado.

Una vez analizados los pros y contras de la pantalla, creo que una solución al problema de aglomeración del cohete pasa no por cambiar la ubicación del mismo sino la de elegir una nueva ubicación de la pantalla, teniendo en cuenta que el lugar donde se ocupe no suponga la sustitución de unas personas por otras sino la ocupación de un espacio, que estando próximo al centro, no haya sido ocupado masivamente todavía.

En este sentido, y aceptando de antemano la posibilidad de errar, adelanto que mi propuesta sería la de colocar la pantalla del año que viene en el Paseo de Sarasate, en el extremo de la antigua Audiencia, con visibilidad por todo el paseo.