DEL BOSQUE: PRESIDENTE DE LA REPUBLICA FEDERAL ESPAÑOLA

 

Aquí me tenéis, en estos días vacacionales, en los que los ecos del fútbol dejan paso en los telediarios a otros asuntos socialmente más relevantes, y no me refiero a la "Esteban", sino a las consecuencias personales y familiares de la crisis. Viendo la imposibilidad de Zapatero de darle una salida por caminos distintos a los que le marcan los grandes poderes económicos internacionales. Escuchando los patéticos esfuerzos de Rajoy por utilizar la alfombra que representan parados y pensionistas para acercarse a las escaleras de la Moncloa sin ensuciarse los zapatos con los casos de corrupción que salpican su partido. Y yo, un torpe ex-político y peor deportista quitando un poco de tiempo del destinado a la piscina para mezclar fútbol y política.

Así, mientras unos disfrutaban en privado, como hombretones que esperan unos minutos en la oscuridad del cine, una vez finalizada una película

"lacrimógena", y los otros protestaban en público el monocronismo colorado eclipsante del "gualda”, la mayoría nos emocionábamos con el triunfo de un inigualable grupo de jóvenes deportistas con los que nos sentíamos identificados por unas u otras razones. Cada uno la suya.

Históricamente la evolución mundialista de la selección española de fútbol ha sido utilizada como arma arrojadiza entre nacionalistas centralistas y nacionalistas independentistas. Los primeros antes y los segundos después de caer eliminados en cuartos de final. En cambio, en este mundial, el de Mandela, la "roja" no sólo ha pasado por encima de Holanda, Alemania, Paraguay o Portugal, también ha superado esos viejos planteamientos políticos frentistas y excluyentes. Del Bosque y sus chicos han demostrado que en un sólo equipo de fútbol, en un mismo autobús descapotable y en un único escenario cabe lo que nos une a todos, pero también lo que nos diferencia. Lo que nos enriquece y lo que nos hace mejores.

Si algunos blasfemos equiparan a Dios con Maradona y muchos forofos ven en el fútbol el espejo del alma, creyentes en la victoria, agnósticos en el empate y ateos en la derrota, permítanme que éste que les escribe compare, con escaso rigor jurídico, que no superaría un recurso ante el Constitucional, la selección española de fútbol con la futura estructura constitucional del Estado Español: FEDERAL Y REPUBLICANA.

1.- Una federalismo entendido como la conexión perfecta entre lo que nos une y lo que nos diferencia, con el objeto de conseguir el máximo bienestar social, económico y político de todos los que componen esa estructura, ya sea deportiva o ciudadana. Si como futboleros hemos dado por bueno que difícilmente se hubiera ganado este mundial si en lugar de competir unidos lo hubiéramos hecho separadamente, ¿por qué cuestionar que nuestros resultados económicos, políticos y sociales en el ámbito internacional serían mejores interactuando separadamente?.

Pero como digo una cosa, siguiendo ese mismo paralelismo político-deportivo, tampoco deberíamos ofendernos si aquellos que suman sus esfuerzos a otros para alcanzar el éxito de todos lo hacen desde el orgullo de mostrar al mundo su origen y su identidad diferenciada.

2.- Un republicanismo como respuesta democrática, participativa y

representativa del papel que la institución monárquica juega como modelo de Jefatura en un Estado moderno: oportunista, despilfarradora, ostentosa y separada de "sus súbditos".

No seré yo quien utilice estos calificativos para describir cual es el papel que juegan los borbones en el Estado Español, más que nada por miedo a ser penalmente perseguido. Me limitare a describir, a modo de ejemplo y de la manera más objetiva posible, la conducta de nuestra familia real a lo largo de este mundial: después de la primera derrota abandonaron Sudáfrica, sólo regresando cuando la cosa parecía encaminarse hacia la obtención de la Copa ; el gasto económico de la amplia presencia en la final no estaba justificada en lo que la misma podía aportar al rendimiento deportivo de la selección; el suntuoso lugar elegido para el recibimiento de la delegación mundialista abochornaba la sencillez de jugadores y seleccionador; y las comodidades con las que la Infanta pasaba la tarde, bailando el WUAKA-WUAKA de Sakira, frente a las apreturas del resto de aficionados que esperaban al otro lado del río Manzanares. Esta última imagen ilustraba mejor que cualquier discurso republicanista de Manuel Azaña la distancia física e histórica entre la monarquía y un Estado Social y Democrático de Derecho.

No dudo que este mes de julio de 2010, durante la Fase Final del Campeonato del Mundo de Fútbol, es lo más cerca que voy a estar de ver algo parecido a la III Republica Federal Española. Tampoco tenía muchas esperanzas en que fuéramos campeones, y ahí estaba Casillas levantando la Copa y besando a su novia. Pero si esa generación de jóvenes futbolistas ha sido capaz de alcanzar su sueño, porque no esperar que los millones de jóvenes que se echaron a la calle para celebrarlo, siguiendo su ejemplo, sean capaces de hacer realidad el mío: La proclamación de la III Republica Federal Española. Y Vicente Del Bosque su Presidente, ¿por qué no?