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ETA/HB:SINO ACEPTAIS LAS REGLAS, ESTÁIS FUERA DEL JUEGO

 

Aunque el derecho a la vida no se puede medir ni pesar, se tiene o no se tiene, se reconoce o no se reconoce, el horror que nos produce la violación de este derecho si es graduable. Si creíamos que el tiro en la nuca, sin preaviso, como forma de matar a un inocente era lo más cruel y que el coche bomba lo más cobarde. Con el asesinato de Miguel Ángel Blanco Garrido hemos descubierto que existen formas más crueles y cobardes de matar a una persona.

Ante este crimen algo ha cambiado en la forma de analizar el mal llamado “conflicto vasco”, que ni afecta solamente a los vascos sino a quienes defendemos los derechos de todos los humanos, ni debe convertirse en un conflicto, en un enfrentamiento violento de unos contra otros.

PRIMERO: Quienes justificaban, amparaban y apoyaban los crímenes de ETA, la violencia callejera de KAS y las continuas amenazas de HB, antes del asesinato de Miguel Ángel, lo siguen haciendo ahora. No podemos engañarnos creyendo que la barbarie de sus actos les lleva a demarcares de sus posiciones. Los que hoy critican el secuestro y posterior asesinato del concejal de Ermua, ya con anterioridad han venido denunciando hechos de la misma naturaleza, sin dar el paso definitivo, dando al MNLV una imagen de pluralidad interna que no existe, colocando un rostro humano a la realidad que se esconde tras un pasamontañas o un pañuelo palestino.

Los que no lo criticaban antes no lo harán ahora, pues han estrangulado las nauseas que este hecho, como otros anteriores, les debiera provocar, recreándose en su propio sufrimiento o simplemente desconectándose del mundo que les rodea. No son pocos los militantes y simpatizantes de HB que han abandonado estos días sus entornos sociales por miedo, pero no a las agresiones externas, sino por terror a no ser capaces de superar las agresiones de su conciencia, buscando lejos de su tierra un lugar donde dejar de escuchar ese grito de dolor del pueblo vasco. Nuestra esperanza es pensar que ETA nunca será capaz de construir zulos tan negros y profundos como para que sus simpatizantes puedan dejar de escuchar su propia conciencia.

SEGUNDO: También ha quedado evidenciado que la solución al tema de la violencia no es una cuestión que este en manos exclusivamente de los “políticos”, sino que es algo que atañe a toda la sociedad. El último crimen de ETA ha sido la chispa que prendido en la conciencia de una sociedad que estaba harta de que una minoría, por el solo hecho de estar organizada, intimidará a esa mayoría que quería vivir en paz. Y la mejor manera de manifestar ese “basta ya”, ha sido la que la sociedad ha utilizado siempre a lo largo de la historia, TOMAR LA CALLE.

Ahora bien, este hecho positivo que ha supuesto que la sociedad civil se ponga al frente para solucionar un problema que le afecta directamente, no debe llevarnos a dejar de estar vigilantes ante un hecho que suele acompañar peligrosamente a esta movilización social espontanea y desorganizada. Esto es, la utilización de ese malestar social por parte de minorías reaccionarias para la consecución de objetivos sociales ajenos a la problemática que provoco el movimiento de las masas y en muchos casos contrarios a las mismas.

En este sentido, es coherente denunciar las agresiones y actos violentos realizados contra militantes y simpatizantes de HB, así como contra sus locales. Por mucho que dichos actos sean análogos a los realizados por quienes ahora son las víctimas contra militantes de otras organizaciones políticas, actos que por cierto nunca han sido condenados hasta que no les ha tocado a ellos.

Otros son lo métodos que los que nos consideramos demócratas y tolerantes debemos emplear a la hora de combatir la lacra social que representa el terrorismo de ETA y el apoyo de HB. Respecto de ETA, solo hay un camino, la aplicación de la legislación vigente, ni más ni menos, tanto para su persecución y sanción, como para el reconocimiento de sus derechos, en igualdad de condiciones que el resto de ciudadanos. Por lo que hace referencia a HB, la posición de quienes no somos como ellos, pasa por formularles la siguiente pregunta: la Sociedad se ha dotado de unas normas de juego, de entre las que destacan el respeto a los derechos humanos, ¿aceptáis estas normas de juego?, ¿queréis jugar con nosotros?, si jugáis jugamos, sino, estáis fuera del juego.

 

 

 

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