NO LLORES POR MI, OSASUNA

Que no estamos tristes, que nos fuimos de parranda.

Fdo. José Javier Echeverría Barbarin

Que no se engañe nadie de nuestras caras, porque para un osasunista el premio no era ni el trofeo de plata que levanto Joaquín, ni la incorporación del “Club Atlético Osasuna” a la lista de flamantes campeones del “trofeo del k.o.”. Para mi, como osasunista, llegar a la final de la Copa del Rey es algo tan grade y tan sencillo a la vez como el poder disfrutar de una final, con todo lo que ello tiene y que ésta ha tenido.

Si cuando era un niño hubiera querido titulos me habría hecho del Real Madrid o del F .C. Barcelona, pero no es el caso, pues desde que tengo uso de razón (si es que la tengo ahora), yo en el fútbol he buscado otras cosas, y este pasado sábado en Madrid, quien lo iba a decir, Osasuna me las dio todas.

Me dio la oportunidad de compartir con otros muchos como yo nuestro osasunismo; me brindo la posibilidad de exportarlo “haya donde se cruzan los caminos”; me concedió el honor de demostrar a cuantos quisieron ver y escuchar que Osasuna tiene la mejor afición del mundo; me dejó soñar con ser campeones; me regalo la satisfacción de poder animar a los míos en la derrota; y también, puso a mi disposición nuestras capacidad para felicitar al rival, campeón en lo deportivo. Yo, como la mayoría, las aproveche todas.

Sólo dos individuos perdieron la final del sábado: Aguirre e Izco. El entrenador porque él, así lo pienso yo, no forma parte de Osasuna. Sólo esta de paso, de paso. Camino de cimas más altas. Al menos así se ha comportado durante su estancia entre nosotros; anteponiendo sus anhelos deportivos, su fama personal y su reconocimiento mediático más haya de nuestro ámbito territorial, a los intereses más modestos de Osasuna. Hasta tal punto, que si todavía sigue entre nosotros no es porque él así lo desee, sino más bien al contrario, porque ningún otro equipo, con más “pedigrí” que Osasuna, lo quiere como entrenador. A qué se debe sino los continuos retrasos en su posible renovación.

El otro perdedor de la Copa del Rey, Sr. Izco, lo es en la medida que nunca vio la participación de Osasuna en una Final como un premio más que suficiente. El todavía Presidente de Osasuna estaba obsesionado con ganarla. No para Osasuna, si no para su Presidencia y así poder tapar la boca de quienes cuestionamos su dirección en lo deportivo, lleno de claroscuros; su gestión en lo económico, irreal y falto de transparencia; y su seguidísimo en lo político, excluyente desde posiciones navarristas rancias y confesional-catolicistas.

No deberemos incluir en la lista de los perdedores en ningún caso a los jugadores de Osasuna, quienes lo dieron todo y algo más. Primero para llegar a la Final y después para intentar ganarla. Vosotros, me dirijo tanto a los jugadores de la actual plantilla, como a todos aquellos que antes ya vistieron nuestros colores, soy los responsables de que podamos recordar el 11 de junio del 2005 como uno de los días más felices de nuestras vidas. Aún quedando segundos.

Para terminar, haciendo referencia a la afición en su conjunto, sólo decir que ningún éxito deportivo ha conseguido emocionarme tanto como lo ha hecho el ejemplar comportamiento de la afición osasunista, al menos en dos ocasiones. Así, la primera vez que he llegado a llorar por el fútbol fue al finalizar el partido contra el Recreativo de Huelva, eliminados ya de la Copa del Rey, a las mismísimas puertas de la Final , cuando la respuesta de varios miles de rojillos fue permanecer en el Sadar cantando “allez, Osasuna, allez, …” durante más de veinte minutos. Esperando que volvieran al campo los jugadores para agradecerles su esfuerzo.

La segunda vez que no he sido capaz de articular palabra, oprimida mi garganta por un nudo de emoción, mientras mis ojos se humedecían por las lagrimas, se ha producido con ocasión de la reciente Final de la Copa del Rey. Esta circunstanacia acaeció cuando, pasados unos minutos desde que el Betis se había proclamado Campeón, varios de sus jugadores dejaban a un lado sus celebraciones para aproximarse hacia el fondo donde aún permanecía la afición rojilla. Y allí, próximos a nosotros, decirnos que si ellos habían ganado como jugadores, nosotros éramos campeones como afición.

Post data: Si tu lector osasunista, no pudiste estar allí con nosotros, porque Izco no consiguió las entradas extras que si obtuvo Lopera, que no te engañen las imágenes de “Tele 5”: “que no estábamos tristes, que estábamos cansados de tanto disfrutar”.